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Mano a mano con Tyson: "Ustedes tienen un corazón que los americanos nunca entenderán"

09.11.2005 | Olé.com.ar | Información General

Tyson recibió a Olé en su habitación. Durante una hora habló de boxeo, historia, el Che, Mao, sus orígenes, la cultura yanqui, Diego y hasta Jesucristo.

Eduardo Bejuk.

—Perdón, muchachos, ¿tienen un cigarrillo?

Mike Tyson acaba de tomar la sopa de pescados (¿el secreto de su fuerza mítica?) con un trago de agua mineral y, despatarrado en el sofá de la suite 1911 del Hotel Intercontinental, tiene ganas de fumarse un faso.

—¿Vos fumás?

—Sí, pero nunca en público. Bah, nunca cuando estoy en los Estados Unidos. Si estoy en Europa o América Latina, sí. Lo que pasa es que allá hablan boludeces si me ven fumando. Son así.

Y los muchachos, ya en tren de confianza, le tienden dos opciones: Phillip Morris o Gauloises. Los muchachos son este redactor de Olé y el periodista Carlos Irusta, únicos testigos de la intimidad de Mike Tyson. Durante una hora, en la soledad de su habitación y poco antes de partir hacia San Pablo, Brasil, el boxeador más intimidante de la historia (y, salvo por Muhammad Ali, el más mediático) mostró la cara que pocos conocen: divertido, amigable, reflexivo, gran conocedor de la historia (universal y del boxeo), analista político, crítico de la cultura capitalista, comunista confeso, admirador del Che, admirador de América Latina, fanático de Monzón, fanático de ¡Gustavo Ballas!, ex boxeador por hartazgo propio, bromista, tatuado, loco, cuerdo, maradoneano, tysonesco. Son las 14.30 cuando, después de finalizar unos trámites en la embajada estadounidense, Mike ingresa al hall y acepta la charla. "Suban", dice, con el tono más normal del mundo, y su custo

dio personal (Juan, tan grosso como Tyson) y sus dos amigos no piensan contradecirlo. "Charlemos un rato. Si tienen grabador, mejor, así no escriben boludeces, ja", bromea. De aquí en adelante, todo es posible.

—¿Te gustó la Argentina?

—La verdad, no pude recorrer casi nada. Eso sí: el primer día pedí conocer el barrio pobre de donde surgió Maradona y ayer (el lunes) me llevaron. Es un lugar donde hay casas pintadas de muchos colores, ¿puede ser?

—Diego nació en Fiorito, pero imagino que vos estuviste en el barrio de La Boca.

—Sí. Quise conocer el lugar porque yo también vengo de un barrio duro: Brooklyn, en New York. ¡Mamita! ¿Sabés lo que es eso? Hay que ser guapo de verdad. Cuando me decían que el boxeo era demasiado duro, yo contestaba: ’’¿Duro? Pelear con guantes no es nada. Deberían ver lo que es una pelea callejera en Brooklyn’’. Ahí no hay reglas, je. Conozco muchos hombres malos. De hecho, yo soy un hombre malo.

—¿Para ser boxeador y campeón hay que ser malo?

—Mmmm... En este deporte yo he sido cruel muchas veces. A mis rivales les decía: ’’Te voy a arrancar la cabeza, desgraciado’’. Hablando, los intimidaba. Yo subía a destruir, ¿entendés? Pero ojo, en el boxeo no gana el más fuerte ni el más macho: ganan los vivos. Este es un deporte de inteligentes. Poneme al más fuerte arriba del ring que, si no tiene cerebro, no sirve para nada.

—Hablando de intimidar: Monzón sabía hacerlo bien.

—Carlos Monzón, ¡qué gran campeón! Ese tipo sí que intimidaba. Y encima fumaba, ja. Daba ese aire de arrogancia, como diciendo: ’’Estoy tan tranquilo que me puedo fumar un cigarrillo y después ganarte’’. Vi varias peleas suyas: las de (Rodrigo) Valdez, tremendas. El lunes, cuando llegué a la Argentina, pedí ver su tumba. Lo respeto mucho. Me regalaron un cuadrito de él...

Mike muestra el cuadro, enmarcado y con vidrio. De un lado, Monzón dándole a la pera, en el ya desaparecido gimnasio del Luna Park, fotografiado por Ramón Cairo (referente del boxeo en materia fotográfica). Del otro, una imagen del pesaje para Monzón vs. Bennie Briscoe, defensa que el santafesino realizó en el Luna. "Briscoe era bueno, ¿eh?", dice Mike. "Y lo tuvo mal en un momento, ¿no? Pero Monzón fue superior", acota. Mientras la charla avanza, varias presunciones se van confirmando. Es cierto, nomás, que Tyson es un gran conocedor del boxeo. Casi un historiador. El dato no sorprende: Mike pasó su adolescencia mirando películas de boxeo de todas las épocas y de todos los países. ¿Por qué? Porque su manager original, Bill Cayton, era dueño en ese entonces de los derechos de Fights Inc, que reunía todos los videos de boxeo, desde Jack Johnson en la primera década del siglo XX hasta los años 80.

—Yo sé todo de boxeo, conozco boxeadores de todo el mundo.

—¿Y de Argentina?

—Pero, claro: Monzón, Pascual Pérez, Gustavo Ballas...

—¡Gustavo Ballas! Fue un grande, pero el gran mundo no lo registra como tal, porque su reinado fue fugaz.

—Ballas era un tremendo boxeador. ¡Uhhh, tremendo! Mucha técnica. Lástima que tuvo problemas de alcoholismo, pero, bueno, todos tenemos problemas...

—De Pascual Pérez habrás visto videos...

—Sí, un grande. También sé de Luis Angel Firpo.

—Y su histórica pelea con Jack Dempsey...

—Seguro, en 1923.

—¿Te acordás hasta la fecha?

—Je. Hay una pintura muy famosa de cuando Firpo lanza a Dempsey por entre las cuerdas... Dempsey fue uno de mis campeones favoritos. Pero me habían preguntado de los argentinos. Bueno, Monzón tenía un boxeo... Vos lo mirabas y no parecía peligroso. Era flaco, alto, mucho más que yo... Mirá, te voy a mostrar...

Y Tyson salta del sofá desde donde está conversando, para imitar la guardia de Monzón. Llevamos diez, quince minutos de charla. Está superdistendido, locuaz, cómodo. En ese momento todavía esperaba que le trajeran la sopa. Está vestido con la camiseta de la Selección que le regaló Diego, firmada por él. Le queda ajustadísima. La verdad, está gordito, pero andá a decírselo... Los jeans también se ajustan en sus caderas. Lleva zapatillas blancas (justo él, que siempre usó botitas negras) y, por supuesto, no tiene medias. No las usaba ni cuando peleaba. La suite es grande, hasta tiene un piano. Sus dos amigos, mientras transcurre la charla, se ocupan de sus asuntos. Uno arma la valija. El otro, habla por celular y organiza el siguiente viaje (San Pablo), con el agente de viajes. "Un tal Coco", comenta Mike. "Pensé que era una chica, porque si en Estados Unidos te dicen Coco, pensás en una chica. Cuando me dijeron que era un tipo me mataba de risa, ¡jua, jua, juaaa!", comenta, y le agarra un ataque de hilaridad. Se ríe tanto que hasta se golpea con el almohadón en la cabeza, se revuelca en el sofá, le da una palmada en la pierna a... este cronista. No, no dolió, fue amistosa, che. Pero ahora Mike está en guardia y explica...

—Yo era un tigre en el ring. Soy bajito, ¿viste? Creo que el campeón pesado más bajito que hubo: 1,79. Entonces, para pelear, yo saltaba como un tigre.

Se agacha, extiende el brazo derecho, pone la mano como si fuera un garra y... lanza el zarpazo. Nos sobresaltamos.

—¿Entienden? En cambio, Monzón era mucho más alto, usaba el jab, te iba desgastando. Y a partir del sexto round, chau, te liquidaba. Se tenía una enorme confianza, algo clave en el boxeo.

—¿Viste a Oscar Bonavena?

—Sí, claro. Muy fuerte, muy valiente. Le hizo una tremenda pelea a Muhammad Ali.

—¿Mirás tus peleas en video?

—No, jamás.

—¿Por qué?

—Porque eso es el pasado. No quiero saber más nada con el boxeo, ya fue. ¿Ves este tipo? (señala la portada de una vieja Ring Side, donde se luce como campeón mundial en los 90). Este tipo ya no existe.

—¿Te cansó el boxeo?

—Ufff...

—Pero hiciste una gran carrera.

—Seguro, el boxeo me dio todo, más de lo que jamás hubiera imaginado. Pero basta. En mi última pelea ya no tenía ganas de estar allí arriba. Hombre: yo gané mucha plata, pero ahora tengo serios problemas financieros. Y la culpa es mía. No se la hecho ni al entorno, ni a la familia, ni a los amigos. Sólo a mí. Pero soy feliz... Soy feliz... Puedo vivir sin el boxeo.

—¿Te gustaría ser entrenador?

—No podría. Soy muy irresponsable. No me duraría ningún pupilo, me tendría que ir a buscar al bar constantemente, ¡ja, ja, jaaa!

Otro ataque de risa. Se despatarra, abraza dos almohadones y los estruja, su risa gigante deja ver un par de dientes de oro.

—¿Sigue abierto el viejo gimnasio Gleason’’s, en Brooklyn? Un templo que...

—(interrumpe) ¡Shit! ¡Me hiciste acordar!

Se da vuelta, llama a uno de sus amigos y le dice, en medio de otro ataque de risa: "Ey, acordate de que tengo que pasar por el Gleason’’s, para seguir con la tarea comunitaria, casi me olvido". Le da la mano a este sorprendidísimo cronista: "Gracias, menos mal que lo nombraste". Increíble. Mike se refiere a la pena que le impusieron por una disputa con dos hombres, en un hotel de Nueva York, en el 2003. Para evitar la cárcel, lo obligan a enseñar boxeo en el mítico gimnasio, por donde pasaron Ali, LaMotta, Chávez, Benítez, y el propio Iron Mike, entre otros.

—Odio ese apodo.

—¿Iron?

—Sí, nunca me gustó. ¿Qué Iron? Yo soy Mike, a secas. Pero, bueno, lo empezaron a usar y quedó.

—¿Qué cosas no te gustan?

—Mmm... La cultura capitalista que impone Estados Unidos. ¿Sabés? Ustedes tienen un corazón que los americanos nunca entenderán. Todos los latinos. Están llenos de pasión, como el Che Guevara, a quien tengo tatuado en el torso.

—Hablanos del Che...

Llega la sopa, en una pequeña cazuela. "¿Me firma, si no es problema?", pide el mozo, en inglés. "Por supuesto, ¿tu nombre?", pregunta Mike. Y firma. "Ahora me cuido con la comida. Antes, con el entrenamiento y vitaminas, andaba bárbaro. Mi mejor peso era 97, 98 kilos. Eso a los 21, cuando era campeón. ¡Nunca más, viejo! Ahora estoy siempre enfermo. Soy asmático. Como el Che".

—¿Cómo conociste al Che?

—Leyendo. Me encanta leer, sobre todo de historia. El Che Guevara es mi héroe. Parecía frágil, físicamente, digo. Pero le sobraba grandeza... El egoísmo no existía para el Che. El daba todo de corazón. Tenía una idea muy linda del mundo. Por eso tengo su tatuaje en el torso.

—También tenés a Mao Tse Tung, líder comunista en China durante el siglo pasado.

—Sí... Pero eran dos comunistas diferentes. Mirá: éste es mi costado dictatorial (y se descubre el tatuaje de Mao, el rostro del líder se ve nítido en el brazo derecho) y éste es mi costado humanitario (y se levanta la camiseta, para que surja el rostro del Che). El luchó mucho... Y todavía creo que lo abandonaron allá en Bolivia, le habían prometido refuerzos y nunca llegaron. Tengo un gran respeto por ese hombre.

—Y por los latinos, ¿no?

—Ustedes tienen una gran cultura. Por ejemplo, me encantaría conocer Perú, las ruinas de las antiguas civilizaciones. Aquí, ustedes me han tratado bien. Son pasionales, dan abrazos. En Estados Unidos todo es muy frío. El que tiene poder, quiere más. Así es el capitalismo. No me gusta. Allá no me respetan, sólo me ven como un negro del ghetto. Encima, después te piden que seas ejemplo. ¿Por qué? No tengo por qué ser ejemplo de nada.

—¿Te gustaría vivir en otro país, dejar Estados Unidos?

—Sí, definitivamente. Me vendría a Sudamérica, iría a Europa... Perdón, una pregunta: ¿Ustedes son cristianos, creen en Dios?

—Sí.

—Okey. Antes hablábamos de transgresores, gente apuntada como "hombres malos". Jesús fue, en su época, ese "hombre malo". Porque decía cosas que el establishment no le aceptaba. Y lo crucificaron...

Mike termina la sopa. En minutos, tendrá que bajar al lobby para el check-out. Ahí pide el faso. Y fuma un Phillip Morris, lentamente. "Maradona es un gran hombre: se sobrepuso a los malos momentos. Yo sé de él aunque no me gusta demasiado el soccer. Lo respeto mucho", dice.

—Ustedes dos saben lo que es la fama... ¿Es tan terrible?

—Sí, nunca pude manejarla realmente. Es muy difícil. Yo quiero vivir en paz, hacer lo que me dé la gana. Soy feliz, soy feliz.

La charla vuelve al boxeo. Comenta que, para una gran pelea, se entrenaba entre ocho y diez semanas. "Pero me parecía mucho. De joven, pensaba que nadie podía ganarme. Nadie". Elogia mucho a Jack Johnson, campeón pesado de la década del 10, el primer negro en lograrlo. "El tipo pasó fronteras. A los negros no les daban chances. Los cagó a trompadas a todos. Les daba tal paliza a los blancos que cortaban las filmaciones, para que nadie se enterara". Se le cae la baba por otro latino: Roberto Mano de Piedra Durán. "Ese fue mi gran ídolo. Una vez, de pibe, lo fui a ver al Madison Square Garden. Yo estaba bien arriba, en los asientos más baratos. Pero me colé hasta abajo, para verlo bien de cerca. ’’¡Durán, Durán!’’, le gritaba. Y en un momento se dio vuelta y me miró. Yo no lo podía creer: ¡Durán me había mirado! Locuras mías, qué sé yo... Hoy somos amigos".

Sigue siendo fanático de las mascotas, sobre todo de las palomas. "Y llegué a tener seis tigres en mi antigua mansión", se ríe. Algunas preguntas sobre boxeo quedan en el tintero, porque no quiere responder más sobre eso. Ni de las mordidas a Evander Holyfield ni de los buenos viejos tiempos, como su histórico nocaut a Michael Spinks en 91 segundos. "¿Saben lo que pasa? Si me sigo metiendo en mi pasado, el pasado me va a agarrar. Y eso no puede suceder. Ahora pienso en el futuro. El dinero no es importante. Para nada. Se puede ser feliz sin dinero. Yo soy feliz".

Fuente: Diario "Olé"

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