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Fútbol cubano: Quién dijo que todo está perdido

Fútbol cubano: Quién dijo que todo está perdido

Por Carlos Manuel Álvarez

13 Septiembre 2011

Mauro Navas
A primera vista, Fernando Signorini (51 años, piel blanca, ojos azules, intensa mirada de sabio) parece un europeo. Y Mauro Navas (36 años, voz pausada, rostro inquieto) también. Pasean por el Vedado en zapatillas deportivas, jeans gastados y pulóveres de diario. Semejan dos turistas dispuestos a epatar. Signorini, alemán o sueco. Navas, francés. Quizás español. Nunca se sabe con esto de las nacionalidades.

Procedentes de Buenos Aires (sí, son argentinos), Signorini y Navas arribaron a La Habana el pasado 4 de septiembre. Y a partir de ahí han hecho de todo, o al menos todo lo que cabe en nueve días. Pagaron sus pasajes y su estancia. Impartieron charlas, supervisaron entrenamientos, dialogaron con la prensa. Y por si fuera poco, se mostraron, o se han mostrado -pues por ahí se marchan y regresan- afables y precisos.

Signorini y Navas, para colmo de la dicha, o, si se prefiere, de la esperanza, pretenden enrumbar algo tan pero tan eufemístico como el fútbol cubano. Con sus futbolistas y sus entrenadores dentro. No vienen a implantar nada, sino a entender. No vienen a decir, sino a escuchar.

Ninguno de los dos es demasiado efusivo. Hablan sobre la base de los hechos, sin levantar falsas expectativas. Se nota, por la mesura y la claridad de sus discursos, que temen provocar algún tipo de revuelo mediático. Aunque tras la patética actuación de la selección nacional en la pasada Copa de Oro, sus solas presencias ya han dado pie a varias especulaciones. Y han hecho recordar tiempos mejores (tampoco gloriosos, pero sí mejores), cuando empatábamos con Costa Rica, y Company merodeaba por La Habana.

Signorini -preparador físico de Maradona y artífice de su recuperación tras la goycoetxeana fractura del 83- es, sin embargo, algo locuaz. No efusivo, pero sí medianamente locuaz. Obvio: disfruta estar en Cuba. Un país hecho a su medida, a su medida filosófica, a su medida política y a su medida deportiva, y en todos los sentidos un lugar bastante alejado del fútbol, en el supuesto de que el fútbol también sea un lugar.

El hombre lo tiene claro, al igual que Navas -ex futbolista de clubes como el Racing de Avellaneda, Udinese y Espanyol-, quien solo se diferencia de Signorini en dos o tres simplezas biográficas.

Signorini no es un preparador físico, en el sentido estricto del cargo. Signorini compra libros para los concentrados de los jugadores. Sus futbolistas leen a Galeano, a Walsh, a Atahualpa. Signorini, visto el caso, es un maestro. Mauro Navas, por su parte, cree en estas cosas, en el poder transformador o liberador del fútbol. Entonces también es un maestro. Ambos, no obstante, como Menotti o Maradona, parecen nadar contracorriente, y haber llegado en el trance a la misma conclusión. Cuba es un país contracorriente. Es ahí donde debemos estar.

Cuba
M.N: Hay muy buena técnica individual de los futbolistas, muy buena predisposición, muy buena actitud al trabajo, hay entrenadores que tienen ganas de aprender, y como nosotros lo mejor que sabemos hacer es esto del fútbol, decidimos iniciar algunos intercambios que ojalá puedan continuar y no se queden acá.

Pero bueno, como todo fútbol, el cubano no se puede comparar, tiene sus cosas buenas y sus cosas malas, y hay que ser inventivos y hay que tratar de buscarle la vuelta. La falta de competencia es un impedimento. En el mundo se están jugando alrededor de sesenta, o no sesenta, pero sí cuarenta y tantos partidos, y el campeonato de acá es mucho más corto. Después está el tema económico, la forma de entender el fútbol, pero bueno, también se tiene los jugadores mucho más tiempo, y eso te permite trabajar.


Fernando Signorini
F.S: Cuba, a través de un trabajo programado, pensado, puede llegar hasta un cierto nivel de competitividad, elevando los niveles actuales. De eso no caben dudas. Sobre todo, cuando el jugador cubano pueda romper las distancias que separan el fútbol amateur -que se apoya en el entusiasmo- del otro -que es muy competitivo. Pero para eso se necesita entrar en el terreno internacional, con un intercambio que por ahora es utópico. Primero porque las condiciones económicas de Cuba no lo permiten, y segundo porque seguramente el país debe resolver problemas muchísimos más importantes antes que solucionar el conflicto de 20 muchachos o una federación que desea mejorar un deporte. Esto es importante, pero mucho más importante es mejorar la sociedad, yo estoy plenamente convencido de ello. Entonces se me ocurre muy difícil que se puedan acceder a niveles superiores de rendimiento una vez que se desarrolle la base. No veo de qué manera podamos llegar. Hoy, ahora. Tal vez mañana se levante el bloqueo, o haya una flexibilización (¿del bloqueo?, ¿por parte nuestra?, ¿podemos nosotros hacer algo por el fútbol cubano a pesar del bloqueo?) y entonces las federaciones puedan invitar a Cuba y Cuba a las federaciones. Ya ahí se entraría en una dinámica distinta. Si no, todo va a quedar en discusión de deseos.

Argentina. Maradona -Son varios y graves los problemas de la selección argentina. Los países sudamericanos están sometidos a una intensidad extra. Sus estrellas viajan y juegan las eliminatorias tras aproximadamente catorce horas de vuelo. Las concentraciones previas a los grandes eventos duran poquísimos días, pero esos son factores externos. Que también padecen, por ejemplo, Brasil y Uruguay.

M.N: No, no se puede culpar solo a los tiempos, es una gran verdad. Porque en el 94, en el 98 y en el 2002 Brasil llegó a la final (de la Copa del Mundo). Lo que pasa es que el futbolista brasilero, en comparación con el argentino, perdió menos identidad, y el futbolista argentino la perdió casi. Por jugar en otras ligas. Por cambiar directamente de sistema, de entrenador, de estilo.

El torneo local cuenta cada vez con menos nivel, y los dirigentes son grandes culpables, porque han generado todo este caos, junto con una parte muy importante del periodismo que ha impuesto un modelo donde el que gana sirve y el que no gana no sirve.

Lo de hoy, no es culpa ni de Maradona ni de Batista ni de nada, es una consecuencia que se va degenerando con el tiempo. El argentino ya no se sabe a lo que juega. El único que sabe a lo que juega es Messi, porque no ha perdido su identidad, la visión de potrero. Sigue jugando como en el barrio. Tévez tampoco la ha perdido.

Que River, que Rosario Central, que Gimnasia haya descendido, que grandes equipos estén en situación de quiebra, son ejemplos que marcan la realidad del fútbol argentino.

F.S: Yo veo muy posible que aparezcan dos Pelé, tres Cruyff u otro Di Stéfano, sin embargo es muy difícil que aparezca un chico que además de jugar maravillosamente al fútbol tenga tanto coraje como para virarse en contra de los poderes establecidos. En su momento, Diego fue contra la iglesia, contra la FIFA, contra el gobierno de los Estados Unidos.

Yo recuerdo haberme negado ir a su partido de despedida porque no hubo tal despedida, Maradona va a ser siempre un jugador de fútbol. Lo persigue la juventud, la juventud que todavía no está tan llena de hipocresías o de conductas viciadas por aquellos que quieren que nos comportemos de determinada manera.

-¿Es Maradona el culpable del fracaso en Sudáfrica?

F.S: ¡No, qué va a ser el culpable!

-A veces la prensa lo maneja así.

F.S: En el prólogo de Fútbol sin trampa, Menotti dice que el 98% de los periodistas deportivos no saben nada de fútbol, y Elba de Paula Lima, un técnico brasileño, dijo que El flaco había sido demasiado generoso.

Pero además de no saber nada son muy miserables, alcahuetes del poder, salvo excepciones que confirman la regla.


Barcelona
M.N: El mejor equipo que vi en toda la historia. Si no fuese por el azar, serían la perfección absoluta. Un canto a la felicidad y a la pelota. Cuando parece que está todo podrido, aparece Messi, aparece Iniesta, y demuestran que se puede ganar jugando bien al futbol, siendo fieles a una idea.

Hay que jugar como uno vive. El Barcelona juega como vive. Son una isla dentro del fútbol mundial. Antes, nosotros jugábamos así. Los brasileros, los argentinos.

Ahora nos queremos parecer a los europeos, ahora, ¡cuándo el Barcelona juega como hace treinta o cuarenta años jugaba cualquier equipo argentino!, en menor medida, por supuesto. Nos robaron el estilo, nos robaron los jugadores y ahora queremos jugar como los italianos.


Espectáculo. Deporte
F.S: En el fútbol profesional, lo que queda de deporte es el reglamento. Es decir, no queda nada. Y se ha tergiversado, se ha manipulado la pasión de la gente. Entonces yo digo que hay una desculturización que no tiene nada que ver con los preceptos del deporte.

Recién vimos por el televisor algo ridículo. Suspenden a Usain Bolt. Que se preparó durante todo el año para lograr la mejor marca, pero a su vez, extrañamente, dejan correr a un chico que tenía por lo menos cincuenta kilos de más. ¿Y eso por qué? ¿Qué tiene que ver eso con el deporte? Que no me vengan a engañar con que es algo simbólico.

Pasó hace algunas olimpiadas con Eric Moussambani, que se tiró al agua a nadar los cien metros libres, llegó como dos minutos después y no se ahogó de casualidad. Un poco más y le tienen que poner un salvavidas.

El modo en que se está presentando el deporte como fenómeno de masas me parece realmente descabellado, una porquería.

Cuba
-¿Podríamos, astutamente, insertarnos en el mercado, utilizar a nuestro favor el negocio del fútbol?

F.S: No. El mercado no te da nada si nada te puede quitar . Entonces es una tontería, una ilusión. En todo caso habría que presionar de otra manera, ante las autoridades de la FIFA, para reclamar. No ya desde el punto de vista deportivo, sino también desde el punto de vista social, invocando los valores del fútbol como formador integral de la personalidad del hombre. Pero no creo que ellos (¿quién?, ¿la FIFA?, ¿el mercado?, ¿son la misma cosa?) tengan la sensibilidad ni el interés. Piensan con los números por delante.

-¿Podremos llegar?

M.N: Vemos muchachos alrededor de las plazas, en las calles, jugando al fútbol. Y eso es muy importante, la gente ve fútbol por el televisor. Lo otro: no renunciar a los principios, a los valores. Por eso vinimos acá. O sea, mantener la mística y tratar de ir creciendo paso a paso, tranquilos, sin desesperos. ¿Hay una competencia lejos? Preparemos un equipo para esa competencia.

El fútbol cubano no va a resolver sus problemas cuando llegue a un mundial. Obvio que sería una muy linda alegría y que lo deseamos todos, pero ese no es el objetivo. Más que un mundial, encontrar en el fútbol un espacio, una manera de ser felices.

F.S: Tampoco es tan importante. Yo lo dije en su momento cuando quedamos eliminados en Sudáfrica. Un periodista me enunció que hubiera sido muy importante para el pueblo argentino ganar un mundial. Y le respondí simplemente que habíamos sido campeones del mundo en el 78, y luego en el 86, y que en aquel entonces el índice de mortalidad infantil era del 12,5%. Idéntico al del 2010. Entonces no era tan importante ganar. Y no quiero -absolutamente convencido de que no se hará- que al fútbol profesional se le otorgue una dimensión que no merece. Porque tan importante, tan importante, no es en absoluto.

Fútbol
-Menotti se declaró recientemente como un marxista hormonal, más por instinto, o por elemental sentido de justicia, que por ideología. La miseria es rentable para algunos, dijo. No me mientan más mientras haya un chico en la calle.

M.N. o F.S: Esa es una frase de un hermoso poema de Armando Tejada Gómez. Y como a mí no me cuesta nada ser poco original, creo lo mismo que César y que Armando, creo que pueden decir lo que quieran, pero mientras haya un chico en la calle, absolutamente nada va a estar bien.

Fuente: http://japon.cubadebate.cu/noticias/2011/09/13/futbol-cubano-quien-dijo-que-todo-esta-perdido/
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